Convencido estoy que de todos los recordistas de las Series Nacionales de Béisbol cubanas nadie fue más estoico, consistente, espartano y sacrificado que el pinero Alexander Ramos para implantar una cota de 1 112 partidos consecutivos jugados con su conjunto – resultados extraordinarios de por medio -, que se antoja como una barrera infranqueable para cualquier pretendiente a abordarla en un futuro imprevisible.
   Este hijo mimado de Isla de Pinos actualmente Isla de la Juventud – , traído al mundo el 31 de marzo de 1969, bien puede blasonar de haber implantado una marca inédita y única de gran valía a nuestro nivel, si se toma en cuenta que para traspasar esas más de once centenas de choques sucesivos a partir de 1994 debió hacerlo a razón de 90 o un poquito más – por temporada hasta su retiro en 2005.

 

   Sin embargo, Lou Gehrig, quien llegó a la cifra de 2 130, podía sumar 154 partidos a cada uno de sus 15 años de estelar desempeño en el Gran Show desde el 1ro de junio de 1925 hasta su obligatorio mutis de los terrenos el 30 de abril de 1939, a causa de la esclerosis lateral múltiple que lo llevó a la muerte.

 

Cal Ripken, por su parte, podía agregar 162 rayas anuales a su cadena, que comenzó el 30 de mayo de 1982, y llegó a su fin el 20 de septiembre de 1998, tras derrochar su clase en 2 632 encuentros sucesivos.
 Mas los tres, en sus tiempos y locaciones respectivas, son merecedores de la mayor admiración por parte de todos los amantes al béisbol pues tuvieron que arrostrar avatares de todo tipo para impedir que la seguidilla se truncara.
En el caso de el Caballo de Hierro, Joe McCarthy tuvo que colocarlo, incluso, como ¡torpedero!, y ponerlo a batear en el primer turno en una oportunidad, para evitar que la saga concluyera. La razón de ese dislate fue provocada por una severa lesión que sufría el primera base en sus piernas.
   Otro tanto le ocurrió a Ripken, quien a lo largo de su camino hacia la posteridad sufrió lesiones – que hubiesen invalidado a otros -, amén de diversos eventos, tales como la huelga de los peloteros en 1994, que hicieron peligrar la continuidad del hercúleo record.

 

   El Pirata criollo, por su parte, con 80 kilogramos de peso en sus 1. 78 metros de estructura, tuvo que hacer acopio de coraje y amor a la causa que defendía a lo largo de la consumación de su hazaña, cuando, por ejemplo, con un dedo fracturado debía quitarse el yeso poco antes del partido de ocasión, para, después de concluido el mismo, volvérselo a enyesar y continuar sumando glorias a su palmarés. Asimismo, en otra etapa debió realizar viajes aéreos diarios desde La Habana hasta su terruno allende los mares para cuidar, en horas de la mañana, de su madre quien se recuperaba de una afección en un hospital pinero, y regresar a la capital en horario vespertino para participar en el choque fijado para la fecha.
     Alex Ramos, empero, quien comenzó a jugar pelota en los terrenos del barrio El Mambú, cercano a Nueva Gerona, la urbe pinera, estaba dotado de una fuerza de voluntad a prueba de bala, capaz de imponerse a todos los avatares, que emergieron desde bien temprano en su carrera, pues no pudo siquiera representar a Cuba como parte de la selección nacional juvenil a pesar de que desde entonces acusaba grandes facultades para refrendar su clase tal y como hizo desde su debut en Series Nacionales en 1988, al ser seleccionado Novato del Año en tan exigente torneo al máximo nivel en la pelota cubana.
   Mas la demostración de que había llegado para quedarse tuvo lugar al año siguiente, pues, tras dos temporadas, promediaba .317 – 147 jits en 464 veces al bate (VB) -, había conectado 18 dobletes y tres jonrones, amén de impulsar a 38 compañeros hacia el plato. Asimismo, se paraba a batear tal y como muestran sus 60 ponches con solo 29 bases por bolas hasta entonces.
   Esa actuación, por ella misma, hubiese sido suficiente para que a partir de ese momento los medios de difusión y los directivos del béisbol en Cuba hubiesen seguido más de cerca el desempeño de Alexander; pero contrario a ello, el muchacho, proveniente de un equipo sotanero ajeno totalmente a los intereses televisivos, fue prácticamente sumido en el ostracismo.
   Mas todo coraje, el futuro Hombre de hierro hacía caso omiso a dicha adversidad y jugaba al máximo de sus posibilidades tanto madero en ristre como en defensa de la segunda almohadilla, pues mostraba buen desplazamiento hacia ambos lados del cuerpo, pivoteaba con prestancia, cubría bien la base ante un intento de robo rival, poseía buen brazo, y poco a poco fue compenetrándose con el torpedero Juan Carlos Calvo para conformar una buena combinación de dobles matanzas.
   En cuanto al bateo, eso era un punto y aparte porque Alex demostraba en su juego diario ser un buen chocador de bolas que sabía conectar por detrás del corredor cuando su conjunto más lo necesitaba. El combinado, sin embargo, al no contar con una correcta conjugación de los elementos básicos dígase pitcheo, bateo y defensa -, continuaba cuesta abajo en las posiciones finales alcanzadas con respecto al resto de los equipos; situación que llegó a su clímax en la XXXII Serie (1992 93): el lugar 16.

 

   En el torneo posterior, la XXXIII Serie, y ya fungiendo Alex como capitán del equipo, La Isla pudo alcanzar su primera ubicación decorosa en los torneos cubanos: la octava posición y 35 30 en victorias y derrotas. . A esas alturas, la combinación alrededor de la intermedia compuesta por Juan Carlos Moreno en el campo corto y el incombustible Ramos actuó de maravillas; lo que unido a una eficiente línea central reforzada por Juan Bravo y Arnaldo Fonseca en la receptoría así como Dioel Reyes. y Orlis L. Díaz en los jardines; además de un cuerpo de lanzadores integrado por Carlos Yánez, Gervasio Miguel y Ariel Prieto, propició el primer gran alegrón a la entusiasta fanaticada de la ínsula mayor del Archipiélago de los Canarréos.
   En dicho resultado, el aporte de Alex Ramos fue colosal pues concluyó con .350 (96 jits en 274 VB); entre sus indiscutibles hubo 13 dobletes y 6 cuadrangulares que elevaron sus carreras impulsadas a 33, al tiempo que anotó 42 veces.
   Tal actuación, empero, no concitó la atención de los seleccionadores, al parecer, ya que el criterio imperante, según los zares de la pelota cubana entonces: Miguel Valdés y Domingo Zabala era el tan cacareado pelotero de interés para el ciclo olímpico. Resultaba prácticamente imposible traspasar el umbral de la puerta conducente al equipo Cuba en esa época, si un atleta no estaba contemplado en los planes de la Comisión de Béisbol en el espacio de una Olimpiada a la otra.
   Y menos mal que Alexander Ramos no fue tomado en cuenta entre las decenas de buenos beisbolistas considerados pasados de edad, para empaquetarlos en aquel fatídico retiro forzoso a mediados de los años 90 lo cual catalogo como un vil golpe de estado contra el desarrollo lógico de nuestro deporte nacional -, y que provocó un notable desfase generacional, lesivo hasta el tuétano para la pelota.
   De haber sido comprendido el atleta en tan disparatado edicto, la afición cubana hubiese perdido la oportunidad de disfrutar el estelarísimo decurso de un espartano que se superaba a sí mismo en cada nueva Serie Nacional: XXXIV, 100 jits líder – en 266 para .376; XXXV, 109 en 260 (.400); XXXVI, 91 en 256 (.355); y XXXVII, 120 en 329 (.355).
   Fue precisamente en la XXXVIII Serie (1998) cuando un ariete llamado Michel Enríquez (.391), Juan C. Moreno (356) y Juan C. Piloto (.351) así como Alex Ramos (.334), condujeron a la Isla a su mejor actuación histórica: un inédito tercer lugar por detrás nada menos de Santiago de Cuba e Industriales. En la Serie Semifinal, los pineros estuvieron a punto, incluso, de derrotar a los acreditados Leones de la capital antes de caer con las botas puestas 3 triunfos por cuatro el rival.
   A partir de entonces La Isla resultó un contendiente de respeto para el resto de los combinados, y pudo así copar los puestos 8, 7 y 6 en las temporadas sucesivas. Al parecer, Ramos no fue afectado para nada con el cambio del bate de aluminio al de madera, pues alcanzó sus guarismos más notables de por vida en la XL versión del campeonato cubano (2000-2001). En esa ocasión su average se elevó a .404 (147 líder en 364 VB), aderezado con 14 dobletes, un triple y 8 jonrones; al tiempo que anotó en 75 ocasiones y empujó a 57 compañeros hacia el plato.

 

   En 2001- 2002, el pinero volvió a sus andadas al conectar para .330 (110 en 333) con destaque para sus 16 tubeyes y cinco bambinazos, amén de 34 carreras propulsadas hasta el home-plate..
   Alex había sido presa del infortunio a través de casi toda su carrera, porque a pesar de haber sido emplantillado – a perpetuidad diría yo en la preselección B del país y haber viajado con esta a diversas locaciones, nunca había tenido la oportunidad de representar a Cuba dentro del equipo élite; posibilidad que le sonrió solo cuando Antonio Pacheco y Juan Padilla dos verdaderos fuera de serie dijeron adiós a nuestros campeonatos, y fue entonces que se reparó en él para entregarle la custodia del segundo cojín durante los Juegos Panamericanos (2003) a celebrase en República Dominicana.
    Ya desde mucho antes el 26 de marzo de 1994, en medio de la XX Serie Selectiva con Occidentales -, Alex Ramos comenzó a hilvanar su cadena de encuentros consecutivos jugados, lo cual no se hizo notar en sus inicios. No obstante, el verle envuelto un día tras otro en los partidos de las Series Nacionales, las propias Selectivas y las Copas, sin faltar a uno solo, concitó el interés del respetable, que amén de sorprenderse por sus excelentes resultados deportivos desde todos los puntos de vista, comenzó a ponderar su hechura ferrosa en defensa de la chamarreta que defendía a capa y espada; actuación que recibió un fuerte espaldarazo mediante la difusión del momento en que arribó a su partido ochocientos consecutivamente. La cadena se extendió hasta el 10 de marzo de 2005.
    Y fue muy inteligente Alex Ramos cuando decidió tomar el camino del retiro, pues lo hizo al percatarse de que ya se le hacía cada vez más difícil alcanzar los altos promedios ofensivos acostumbrados; aunque aún así, finalizó su postrer campeonato con .330 (104 en 315). ¡Ni hablar!
   Al resumir tan extraordinaria labor de Alexander Ramos Rabell a través de 18 Series Nacionales, destacan sus 2 030 jits en 5 980 veces oficiales al bate para excelso average de .339 el segundo, detrás de Omar Linares, al momento de retirarse. Entre sus imparables hubo 268 dobletes, 36 triples y 112 jonrones, impulsó 732 carreras y anotó 965 veces. El slugging ascendió a 452, lo poncharon 654 veces y recibió 539 transferencias. Destaca sobremanera el hecho de haber conectado 100 o más imparables, con excepción de la temporada 1996-97, entre 1994-95 y 2004-05. ¡Qué clase de bateador!

 

   A la defensa, Alex Ramos también deparó grandes sorpresas para los descreídos, fatalistas geográficos o injustos, pues al haber cometido solamente 173 errores en 7 706 lances, se convirtieron Juan Padilla y él en los segundos camareros de mejor promedio defensivo de todos los tiempos en Series Nacionales- 978 , solo por detrás del también preterido e Impenetrable Bunker guantanamero Wilfredo Hernández : ¡983!.
   Este cerrojo defensivo realizó 3 534 outs y 3 599 asistencias, al tiempo que facturó 1 127 dobles matanzas y dos triple plays.
   Por encima de todo, sin embargo, cuando se hable de Alexander Ramos Rabell, lo primero que saldrá a la palestra será esa prístina marca de 1 112 juegos consecutivos, que él supo cincelar en los libros, con maestría y voluntad sin par, para asombro y admiración de múltiples generaciones de futuros peloteros cubanos. Es, salvando las distancias, un digno remedo insular de Lou Gehrig y Cal Ripken.
Tomado del Libro: Aquí se Habla de Grandes: 4to inning. De Rogelio A. Letusé La O. 

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