A principios de la década de los 90 se desarrollaba un desafío entre Ciudad de La Habana y Pinar del Rio en un atestado Estadio Latinoamericano. El partido marchaba reñido cuando Lázaro Madera vino a consumir su turno al bate.

Este aprovechó un lanzamiento altísimo del lanzador rival, Orlando Hernández, y salió un lineazo que, en fracciones de segundos, chocó contra las cercas del jardín izquierdo y sirvió para que el pinareño se anotara uno de sus 297 dobletes en series nacionales.
A mi lado un aficionado comentó impresionado:” ¿Cómo es posible que con ese “bolón” Madera haya conectado ese metrallazo? Este es el mejor bateador de bolas malas que he visto en mi vida”.
Haya tenido razón o no este hombre, Lázaro estaba dotado de una vista privilegiada y de unos deseos irrefrenables por batear cada vez que se paraba en el home.
En 15 temporadas tuvo 6, 272 comparecencias y solo se ponchó en 585 oportunidades, para una frecuencia de un ponche por cada 10.7 al bate. En cuanto a las bases por bolas, Madera recibía una, cuando no le quedaba otro remedio, cada 19.4 turnos, por lo que solo compiló 321.
Realmente a este jugador nunca le fue mal con su estilo poco ortodoxo de batear si tomamos en cuenta que de sus 1, 872 incogibles, 587 fueron extrabases y sus carreras impulsadas sumaron 1, 093 a pesar de pararse a batear detrás de buenos impulsores.
Se puede llegar a una conclusión más acabada del tacto que este jugador poseía cuando se constata que ha sido el jugador que más rápido llegó a los mil hits en series nacionales. Logró tal hazaña en el marco de la XXIX edición (1989), y solo demoró ocho campañas en arribar a ese guarismo, amén de ser el que menos comparecencias al bate tuvo para llegar a las 10 centenas (3 mil 029).
De más está decir que con tan desaforada ofensiva su average total ascendía a .330 entonces; el quinto de todos los participantes en Series Nacionales.
No obstante, estimo que Lázaro Madera fue el protagonista de los fouls más famosos- junto a los del Curro Pérez en República Dominicana, en 1969-, por supuesto, para mantener a una escuadra cubana a flote; el hecho ocurrió durante la X Copa Intercontinental de 1991.
Cuba perdía el encuentro decisivo 3 x 4 contra el conjunto japonés en la parte alta del décimo inning. Los dos primeros bateadores criollos- Luis G. Casanova y Lázaro Junco- fueron retirados, y el partido parecía en punto de mate, cuando Julio G. Fernández y Gabriel Pierre se embasaron por sendos cañonazos al jardín izquierdo, que posibilitaron la entrada del pinareño al cajón de bateo.
Este se batió con el tirador nipón Hiroshi Shintani, y conectando para zona foul (siete en total, después de colocarse en dos strikes) todo lo que lanzaban para el plato, pudo negociar finalmente la base por bolas, que mantuvo a Cuba con vida, antes de que José Raúl Delgado bateara el lineazo de hit que empujó las dos carreras necesarias para alcanzar la victoria.
Igualmente notable resultó su producción jonronera en nuestro medio, tal y como demuestra su bambinazo 100, el cual consiguió en la XIV Serie Selectiva (1988), y en el corto periodo de seis años, igual que Orestes Kindelán, con quien también se hermanó en el promedio por temporada de estas conexiones: 17, 0.
Por ello, no fue de extrañar que el laborioso toletero cargara su madero con dinamita el 16 de febrero de 1986, y botara tres pelotas del estadio Victoria de Girón en esa oportunidad.
Madera, quien debutó con el conjunto Habana en la XXII Serie (1983), se trasladó para Vegueros al siguiente año, y conformó, en la occidental provincia de Pinar del Río, el que quizás haya sido uno de los tríos de sluggers más sensacionales de la pelota cubana, junto a Luis Giraldo Casanova y Omar Linares.
Dentro de ese famoso triunvirato, el papel del mal llamado bateador de bolas malas no desentonaba como demuestran los siguientes datos:
   Serie XXIV: líder en carreras anotadas (64) y engrosó el Conjunto Todos Estrellas de la lid.
   Serie XXV: líder en bases robadas (37)- también era buen corredor.
   Serie XXVI: líder impulsor (40). Ave. .355 (65 en 183), 10 Hr. 8 2b. , 16 So.
   Serie XXVII: Ave. .373 (69 en 185), 9 Hr., 14 2b, 38 C Imp.
   Serie XXVIII: líder en Hr. (20) y 2b. (15). Ave. .396 (76 en 192), 49 C Imp.
   Serie XXX: líder de los bateadores: Ave: .400 (52 en 130), 27 CImp. 12 So.
   X Serie Selectiva (1984): líder en hits (63).
Este consumado bateador finalizó su decurso por las Series Nacionales y Selectivas con excelente .324 de promedio general como resultado de 1 872 hits en 6 772 veces al bate (297 dobletes, 26 triples y 264 jonrones), anotó 909 veces, empujó 1 093 carreras hacia el plato, robó 149 bases, lo prendieron 128 veces y lo poncharon 585 veces. Para redondear estas cifras debe significarse que Lázaro terminó con un “slugging” de 522.
Es lastimoso que hayan coincidido tantos guardabosques de calidad al mismo tiempo, en lo que Madera llevó las de perder, porque su prestancia defensiva – .954 – era inferior a la de los más encumbrados. Cometió 88 marfiladas en 1 902 lances, realizó 70 asistencias y facturó 1 744 outs.
Ahora…, ¿fue este toletero un bateador de bolas malas en realidad? Creo, más bien, que nadie podía predecir con qué se saldría este tipo de barquillero ya que él conformará su estilo de bateo según el lanzamiento que busca en vez de irle al lanzamiento que más se aviene a su estilo.
Salvando las distancias y el respeto necesarios, diremos que el gran Napoleon Lajoie, miembro del Salón de la Fama de Cooperstown, era uno de esos bateadores.
Su forma natural de batear era intachable, pero en situaciones complicadas los lanzadores solo le recetaban bolas malas insistentemente.
En esos casos, él se desempeñaba en el plato según el envío: la bola alta la golpeaba hacia abajo; el lanzamiento afuera lo empujaba sin halarlo; la píldora baja la golfeaba; y la pelota adentro y pegada, la conectaba sacando el pie hacia tercera.
Sobre Nap, vayan estos datos: promedió 339 de por vida; en diez temporadas bateó por encima de 350; conectó 200 o más indiscutibles en cinco oportunidades; lideró a los bateadores en la Liga Americana en 1901, 1903, 1904 y 1910 en cerrada lucha con Ty Cobb – ; ha sido el mejor camarero defensivo de todos los tiempos; y se dice que Lajoie bateaba más duro que el mismísimo Babe Ruth.
En una ocasión el equipo de Detroit se enfrentaba a su conjunto- los Indios del Cleveland- en el League Park. George Moriarty defendía la esquina caliente y George Mullin actuaba como lanzador.
Este último tenía la corazonada de que la debilidad de Lajoie radicaba en las bolas lentas y le tiró una casi a ras de tierra. Al hacerle swing, la bola salió con tanta velocidad que Moriarty no tuvo tiempo para agacharse. Esta le dio en el hombro y siguió de rebote su camino hacia el jardín izquierdo.
Mullin, sin embargo, no estaba satisfecho y aún pensaba que el francesito sería presa fácil de la bola lenta. En la próxima comparecencia de Nap, el serpentinero de los Tigres recetó otra bola lenta adentro.
Esta vez Moriarty tuvo tiempo de echarse hacia un lado para evitar ser golpeado. Cuando la entrada llegó a su fin, el antesalista se acercó a Mullin y le dijo: “Si le tiras otra bola lenta más a ese francés, te noquearé si él no me mata antes a mí”.
No sería esa la única ni última vez que Nap provocaría disputas entre los miembros de una misma escuadra, pues en 1912 el lanzador Buck O’Brien, de los Medias Rojas, decidió engañar a Lajoie con una curva en arco.
La bola fue despachada tan dura que rebotó en la cadera de Heinie Wagner, el torpedero, quien, sin perdida de tiempo, llegó hasta el box a paso doble y sobreponiéndose al dolor gritó: “Fíjate Buck. Soy el capitán del equipo y si repites otra bolita de esas al galo, no entrarás al dormitorio esta noche”.
Estimo, basado en los guarismos y ejemplos anteriores, que tanto Lajoie como nuestro Lázaro Madera, en el contexto nacional, han sido, más que bateadores de bolas malas, toleteros del lanzamiento que el lanzador menos esperan que le bateen.
Tomado del Libro: Aquí se Habla de Grandes: 4to inning. De Rogelio A. Letusé La O. 

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