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Grandes de Hoy y Siempre: Omar Linares Izquierdo

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Resulta una tarea peliaguda poder resumir en dos o tres cuartillas el extraordinario desempeño de quien es justamente conceptuado como el mejor jugador que ha desfilado por nuestras series nacionales: Omar Linares Izquierdo.

Venido al mundo el 23 de octubre de 1967, en la localidad pinareña de San Juan y Martínez, Linares fue comidilla noticiosa desde el momento en que defendió el pabellón cubano en dos citas mundiales juveniles.
   En dichas lides, conectó para .411, producto de 30 jits en 73 veces al bate, incluida la fenomenal cifra de ocho cuadragulares y 41 carreras impulsadas.
   A tan temprana edad, ya el muchacho, hijo del destacado jardinero derecho del decenio de los 60 Fidel Linares, acusaba tantas potencialidades que fue promovido inmediatamente a la primera categoría como integrante del conjunto Vegueros aun estando en la etapa juvenil.
   Con aquella larga visión que poseía, Jorge Fuentes, piloto vueltabajero, lo puso ipso facto a la vera experta del Señor Pelotero Luis Giraldo Casanova, quien lo encaminó e instruyó en el desarrollo de sus potencialidades.
   Linares, jugador de las cinco herramientas -bateador de poder y tacto, brazo respetable, fildeador aceptable y corredor veloz-, tuvo, a partir de entonces, un vertiginoso e indetenible ascenso nunca antes atestiguado en nuestro medio.
   Una demostración palpable del aserto la ofreció cuando se adueño del título de bateo por vez primera con guarismo recordista de .409 (108 en 264) para apuntalar el triunfo logrado por Vegueros en 1985. Otro tanto hizo al siguiente año, pero en esa ocasión la cifra aumentó a .426 (63 en 148).
   El Niño Linares, tal y como lo graficara el sagaz y creativo narrador Bobby Salamanca, había entrado cual tromba a los campeonatos nacionales y su inclusión en el equipo Cuba, participante del Torneo José Antonio Huelga, resultó un justo medidor de su clase, al concluir con .444 debido a ocho imparables en 18 turnos al rectángulo.
   Esos altos averages fueron una constante en su accionar, lo cual se refrendó en la Copa Bolivar-1985, celebrada en Venezuela, en la que compiló .586 (17 en 29); no cabía duda,  Omar, quien lo mismo se desempeñaba como antesalista, torpedero o camarero, llegaría muy lejos en el béisbol cubano.
   La oportunidad definitoria del Niño llegó cuando el hasta entonces cuarto bateador y tercera base regular de la nave cubana, Pedro José Rodríguez, fue  sancionado de manera exagerada y el jovencito recibió la encomienda de custodiar la esquina caliente en el Mundial Holanda-86.

 

   Su labor en el evento se enmarcó entre signos de admiración, ya que promedió .457 amparado en 21 inatrapables tras 46 veces al cajón de bateo con el valor añadido de cuatro bambinazos y 12 anotaciones empujadas. Por supuesto, fue seleccionado al Equipo Todos Estrellas del certamen.
   Esa actuación mundialista creó una norma si se toma en cuenta que en sus seis participaciones a ese nivel compiló .451 (96 en 213), amén de disparar 22 vuelacercas, con 68 carreras impulsadas y slugging fenomenal de .885. Asimismo, integró el Todos Estrellas en las ediciones de Edmonton- 90 (.564) y Nicararagua-94 (.576).
   Como dato curioso, cabe destacar que en el Juego de las Estrellas de Béisbol, desarrollado en el estadio Atlanta-Fulton, el 23 de agosto de 1990, con posterioridad al Mundial de Edmonton, Canadá, Linares impulsó las dos primeras carreras de los astros del Este con largo jonronazo.

 

   En el ámbito nacional, las estadísticas del nuevo fenómeno iban siempre de menos a más. Tómese en cuenta que sus totales en las primeras cinco Series Nacionales y Selectivas- hasta 1988- eran .359 y 321 respectivamente. Sumadas ambas, conectaba para .343 (564 en mil 646), complementado con 73 cuatriesquinazos y 226 empujadas. Su jonrón 100 sobrevino en el estadio Capitán San Luís nada menos que frente al estelar lanzador zurdo Jorge Luís Valdés.

 

   Alcanzado ya su desarrollo físico total a la altura de 6.2 pies y 90 kilogramos de músculos sobre su estructura, Omar El Grande repitió el liderato absoluto de bateo en 1990 con marca personal, hasta entonces, de .442 (76 en 172). Precisamente su jit 1 000 llegó ese propio año; y se lo conectó al santiaguero José Luís Alemán.
   Eso no le bastó, y en 1992 realizó un doblón ya que se llevó los máximos honores tanto en la Nacional .386 (54 en 140), como en la XVIII Selectiva .398 (86 en 216); en esta última se convirtió en el primer y único pelotero ganador de la triple corona.  .
    Mas el disciplinado atleta, quien también se destacaba en el corrido y robo de bases- 246 estafas en 341 intentos en las 20 temporadas en que participó -, logró su desempeño tope a domicilio en 1993, cuando empató el .446 de Pedro Luis Rodríguez impuesto en 1988 con rutilante 82 jits en 184 turnos vistiendo la chamarreta de Pinar del Río.

 

   Cupo a Linares el honor de liderar a los anotadores nada menos que en seis oportunidades: 1985 (65), 1987 (40), 1989 (53), 1990 (52), 1993 (63) y 1995 (63). No es de extrañar entonces que aparezca en segundo lugar (mil 547) de todos los tiempos, detrás de Enrique Díaz  (26 series nacionales).
   El pinareño encabezó la producción de triples (9) en 1985, y llama la atención que a pesar de haber botado .404 pelotas – tercero de por vida – nunca haya quedado al frente de ese apartado en algún campeonato. Sin embargo, en la II Copa Revolución realizó la hombrada de sacar ¡cuatro pelotas del parque! el 8 de abril de 1997, en un choque entre Pinar del Río y Villa Clara, para empatar la marca antes impuesta por el camagüeyano Leonel Moa y el matancero Alberto Díaz.
   Los serpentineros, una vez retirado Casanova, preferían quitarse tan pesado fardo de encima otorgándole la primera base; razón por la que encabezó las transferencias recibidas en 1990 (40), 1992 (51), 1993 (66), 1994 (54), 1995 (64), 1996 (70) y 2000 (69, aun cuando ya no era el mismo de años atrás). Tan sobresaliente número de pases gratuitos le hizo tomar mil 327 en total, segundo detrás de Antonio Muñoz (mil 551).

 

   Un hecho que retrata de cuerpo entero cuanto se cuidaban los lanzadores de Linares se refleja en las dos veces que recibió cinco bases por bolas: el 25 de abril de 1991 frente a Mineros y el 31 de enero de 1996 ante Matanzas.
   No menos prolíferos resultaron los lideratos en bases por bolas intencionales: 1986 (8), 1990 (6), 1991 (7), 1992 (8), 1993 (16), 1994 (22), 2000 (16) y 2001 (17). Totalizó 235.
   Pero lo que hacía más completo como toletero a este gigante era su concentración en el plato. La sincronización y conocimiento de su zona de bateo era sobrecogedora, amén de que sacaba el barquillo a velocidad supersónica, por lo que era difícil pasarlo con algún lanzamiento a pesar de tener una forma poco ortodoxa y muy de él a la hora de pararse en el home plate.
   De vuelta  a su participación internacional, los Juegos Centroamericanos de 1986 constituyeron una confirmación de su prestancia en todos los aspectos pues no solo fildeó de maravillas, sino también punteó .407 a la ofensiva con 11 en 27.
   Paradójicamente, en ese nivel competitivo foráneo su bateo estuvo por debajo de .400- .372- en sus cuatro participaciones. Los jits sumaron 32 en 86 turnos con 6 jonrones, 19 impulsadas y slugging de .766.
   En 1987, en ocasión de los Juegos Panamericanos de Indianápolis, Estados Unidos, su desempeño concitó tal  asombro entre dueños de conjuntos profesionales y buscadores de talentos, que estos ofrecían cualquier suma de dinero para que Linares diera el salto hacia la Gran Carpa.
    La mejor respuesta estuvo en su actuación: .500 (17 en 34), cinco bolas para la calle y 13 impulsadas. A la defensa también brilló a lo largo del torneo. Como colofón, integró el Todos Estrellas, junto con su mentor Casanova en el jardín derecho, y el designado Orestes Kindelán, quien arrasó con .486, 23 carreras propulsadas y ocho pelotas por encima de las cercas.
   Las citas continentales atestiguaron un average de .369 (41 en 111) para El Niño, convoyado con 13 más allá de las vallas 27 empujadas y slugging de .766. Solo tuvo un campeonato panamericano por debajo de su calidad en  Winnipeg-99, Canadá, donde concluyó con .160 (4 en 25), dos HR y 7 CI.
   Referente a las siete Copas Intercontinentales en que tomó parte, lo de Linares no tuvo paralelo en las mismas. Sirva la desarrollada en Parma-1993, Italia,  como botón de muestra: .576 (19 en 33), seis HR, 13 CI y mil 242 en promedio de bases recorridas con los batazos. Resultó el Jugador Más Valioso de dicha edición, además de figurar como antesalista del Todos Estrellas.
   En resumen, compiló .464 (98 en 211), 27 HR, 26 CI y .slugging de .972 en Copas.
   El non-plus ultra de su derrotero internacional tuvo lugar en las tres Olimpiadas en que participó, en las cuales siempre respondió desde el turno de tercero en la alineación; especialmente memorable fue la de Atlanta-1996, Estados Unidos, en la que conectó tres cuatriesquinazos por cada una de las bandas del estadio en el encuentro contra los anfitriones.
   Su contribución a las dos medallas áureas en 1992 y 1996, así como a la plateada de 2000 se contabiliza así: .444 (48 en 108), 13 HR, 27 CI y slugging de .833, casi nada.
   El Niño Linares, quien encabeza el listado de promedio general en Series Nacionales con .368 (2 mil 195 en 5 mil 962), conectó 327 dobletes y 54 triples, al tiempo que empujó mil 221 carreras, anotó mil 547 veces y posee  slugging de .644, el mayor de todos los jugadores del patio.

 

   A la defensiva, en la que no fue un superdotado,  promedió .948 (285 errores en 5 mil 499 lances), y su potente brazo resolvía muchas de las peliagudas situaciones alrededor de la esquina caliente.
   Su última participación internacional fue con motivo de la Copa Mundial de Taipei-2001, y fue enviado con posterioridad, ya cuando era una sombra de lo inmenso que había sido, a La Liga Profesional Japonesa, en la que desafortunadamente no pudo brillar por lo tardía y festinada que resultó esa decisión por parte de la Comisión de Béisbol de entonces.
   No obstante, los ejemplos de calidad, gallardía y patriotismo brindados por Omar Linares dentro y fuera del terreno constituyen exigentes acicates para los que quieran acercarse siquiera a las enaltecedoras marcas por él legadas, que le valieron para formar parte del refundado Salón de la Fama del Béisbol Cubano, a partir de diciembre de 2014, con la más alta votación entre los jugadores de la era revolucionaria .

 

Tomado de: Aquí se habla de Grandes: Tercer Inning.  De: Rogelio A. Letusé La O. 

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