Si alguien me preguntara sobre el lugar de procedencia de Osmani Urruitia, aún conociendo que nació en el término de Jobabo (Macagua 8), provincia Las Tunas, diría sin pensarlo que ese corpulento jugador llegó al mundo desde Bateolandia pues, haciendo honor a esa nación, fue eso precisamente lo que nunca se cansó de hacer en las Series Nacionales de la Isla: batear desmesuradamente.

Traído al mundo el 29 de junio de 1976, este muchachón, que desde niño se inclinó definitivamente hacia el béisbol jugando pelota de manigua con los demás niños de su terruño, hizo su debut en los torneos superiores cubanos representando al conjunto Las Tunas en la campaña 1992-1993 XXXII Serie Nacional -, en la que el Niño Linares, ya convertido en gigante, dictaba las acciones bate en mano de forma tan brutal que ese año concluyó con soberano promedio de .446 (82 en 184).
Osmani, que ingresó al equipo tunero como jardinero derecho, apenas tuvo acciones pues allí se desempeñaba, aún a toda vela, su tío Ermidelio Urrutia, quien ha sido uno de los grandes peloteros de series nacionales cubanas. No obstante, el novato mostraba interés y condiciones para llegar.
Urrutia se fue adaptando poco a poco al exigente pitcheo de entonces, y fue ascendiendo sucesivamente en su accionar ofensivo, aunque debía mejorar todavía en lo concerniente a juzgar con precisión cuál era su zona fuerte de bateo. Todas las miradas iban dirigidas a él, pues ese swing en redondo sacando el bate desde abajo no abundaba en nuestras lides.
Mas debió transcurrir un largo periodo de maduración para que Urrutia mostrara sus reales potencialidades. El primer gran atisbo positivo tuvo lugar en la XXXIX Serie (1999- 2000), cuando ya maduro y listo para empeños superiores, se convirtió en uno de los primeros toleteros de ese campeonato al ritmo de 84 imparables en 257 veces al bate para archivar .365. El todavía joven toletero de 24 años demostró ser un excelente chocador de bolas ya que, de esos incogibles, 14 resultaron dobles amén de un triple y un cuadrangular.
Osmani Urrutia
A pesar de poseer esa virtud, hubo técnicos dolidos en varias ocasiones porque Urrutia no fuera un jonronero consuetudinario. A él, sin embargo, eso no le quitaba el sueño, pues a la larga demostró tener un sistema de bateo intachable avalado por los extraordinarios guarismos alcanzados a partir del comienzo del siglo XXI.
Lo que nadie podía suponer siquiera entonces era que Urrutia estaba en el umbral del sexenio ofensivo más sobresaliente que pelotero alguno haya tenido en el béisbol organizado de todos los tiempos. La única referencia anterior, comparable a lo realizado por el hombre procedente de Bateolandia en el umbral del siglo XXI, había tenido un nombre en el quinquenio 1921-1925: el inmenso Rogers Hornsby.
El Rajá Hornsby, uno de los bateadores más consistentes que se haya parado en un rectángulo de bateo, tuvo promedio general de .358 en su larga y publicitada carrera de 23 temporadas en las ligas mayores; el segundo detrás del .366 estampado por el inmenso Ty Cobb. Bien, en los cinco años antes mencionados Hornsby compiló sucesivamente para .397, 401, 384, .424 y .405, para computar así nada menos que 0. 402 en esa etapa.
Urrutia logró .431 en la XL campaña cubana, al compás de 125 inatrapables en 290 oportunidades oficiales. Pero hubo más, porque botó 16 pelotas para la calle y empujó a 65 compañeros hacia el plato. Su slugging brilló a una altura de .645. Sería ese su primer pergamino de bateo.
Tras ese buen papel en la lid, integró la selección cubana participante en el Campeonato Mundial de Béisbol desarrollado en China Taipei ese propio año, aunque allí promedió para un magro 0.71 (uno en 13). Tal average despertó ciertas dudas entre los descreídos, igual a como había ocurrido casi tres décadas atrás cuando el inmenso Antonio Muñoz comenzó a hacer sus primeras incursiones en la palestra internacional.
Osmani Urrutia
La XLI Serie fue una reafirmación de las inmensas posibilidades del tunero bate en mano, en medio de una competencia en la que la ofensiva se fue muy por encima del pitcheo, pues hubo más de 30 bateadores con promedios por encima de los codiciados .300. Esta vez bajó hasta .408 (98 en 240). Los jonrones sumaron seis y las carreras impulsadas 31, mientras el slugging llegó a .508. Un hecho destacado fue la exigua cantidad de ponches engullidos, que en esta ocasión fueron 20.
De vueltas a una nueva lid foránea- la Copa Mundial, organizada por Holanda en 2003, Urrutia conectó para .304 y resultó un destacado impulsor de carreras con ocho. Posteriormente, volvió a vestir el uniforme del conjunto cubano con vista a los Juegos Panamericanos de Santo Domingo 2003, en los que lució a gran altura al compilar .417 desde el cajón de bateo y sumar tres dobletes. Su labor fue decisiva para la nueva coronación beisbolera de la Isla.
El tercer hermanamiento con cifras por encima de .400 se hizo patente en la XLII edición nacional cuando alcanzó .421 (123 en 292). Los cuadrangulares fueron 13 en esta ocasión, y las bases recorridas con sus batazos promediaron .616. Mas por encima de todo destacaba el hito de convertirse en el primer toletero en los anales del béisbol, a cualquier nivel, que archivaba tres temporadas consecutivas por encima de los añorados .400; un soberbio record mundial.
Seguidamente fue incluido en el equipo representativo de Cuba en la Copa Mundial 2003 desarrollada en La Habana. Urrutia desempeñó un destacado papel en ella pues empujó ocho carreras hacia el plato.
El jardinero derecho, que en múltiples ocasiones también ofició como bateador designado dentro del combinado patrio ocupando el ¡séptimo turno de la alineación!, tenía aún muchas lecciones de bateo que brindar tal y como lo refrendó en la temporada 2003-2004, cuando estableció la inédita marca de ¡.469! Producto de 121 inatrapables en 256 turnos al bate- ¡casi nada!-; por supuesto, que los 16 vuelacercas en esa oportunidad propendieron a elevar el slugging hasta un soberano .769.
Osmani Urrutia
Pero hubo más, porque esa vez quedó empatado en carreras empujadas con Loidel Chapellí y Yosvani Peraza (67), y finalizó a solo tres bambinazos del líder Reinier Yero (19). Con todo ese palmarés sobre sus hombros, el tunero obtuvo la nominación de Jugador Más Valioso del certamen.
No se hizo esperar su participación en los Juegos Olímpicos de Atenas en 2004, donde Cuba asistió con el objetivo de recuperar el título beisbolero perdido en Sydney cuatro años atrás ante la representación de Estados Unidos, comandada por Tony Lasorda. Urrutia, ya habituado a concurrir a eventos de envergadura, volvió a responder con buen promedio de .333, y sus conexiones salían cuando el equipo más lo necesitaba. Cuba, en definitiva, obtuvo su tercer reinado en las cuatro participaciones ecuménicas disputadas.
Osmani Urrutia
De retorno al plano nacional, Osmani impuso la inverosímil cota de ¡CINCO CAMPEONATOS DE BATEO CONSECUTIVOS EN SERIES NACIONALES A SU HABER!, ¡qué bárbaro! Esa vez demostró que era humano también, ya que en la contienda no pudo acceder a sus tan emparentados .400, sobre los que estuvo durante una buena parte de la lid, pero un slump de fin de campaña impidió la consumación del hito. No obstante, su .385 (112 en 291) fue superior al de todos los demás, con el cual ha dejado un record que, a todas luces, se torna poco menos que imbatible para las generaciones de beisbolistas cubanos actuales y del futuro.
Osmani Urrutia
Hubo una nueva oportunidad para que el Señor 400 demostrara su prestancia madero en mano, y ello no se hizo esperar en su nueva asistencia a la Copa Mundial de 2005, en la que compiló .387 (12 en 31) con el aderezo de cinco carreras impulsadas. Cuba escaló lo más alto del podio nuevamente.
El tunero volvió por sus fueros en la temporada 2005-2006, en la que se empinó una vez más por encima de los .400 (135 en 318, 13 pelotas para la calle y slugging de 616). Su .425, no obstante, fue superado por el desempeño de otro fuera de serie, Michel Enríquez, quien escaló hasta .447. De todas formas, ese sub-liderato de Urrutia le dio el aval para encabezar los jits y las bases por bolas intencionales (27)- una señal del respeto que le dispensaban los serpentineros rivales.
Osmani Urrutia
En el jugador de 5. 10 pies de alto y 229 libras de masa muscular, empero, no todo era destreza bate en mano, pues fue además un digno defensor de la banda derecha de los jardines, tal y como lo demostró su eficiencia de .987 al campo en 2005-2006. En diversas ocasiones atestigüé fildeos de cordón de zapato realizados por él, así como tiros potentes que enfriaron a hombres veloces en sus intentos por lograr una base extra. Pudo así participar en 17 doble matanzas y archivar 44 asistencias a favor de su combinado. En definitiva, concluyó con un satisfactorio .971 de eficiencia defensiva debido a 41 marfiladas en 1, 437 lances.
La Serie Nacional de Béisbol 2006-2007 tuvo un impasse para posibilitar que el combinado cubano tomara parte en su reto mayor de todos los tiempos: el I Clásico Mundial de Béisbol. El evento daría cabida a lo que más valía y brillaba dentro del profesionalismo, y por vez primera estos participarían en representación de sus respectivos países. Entre los conjuntos de más alto nivel se encontraban Estados Unidos, República Dominicana, Puerto Rico y Venezuela; amén de los conjuntos asiáticos liderados por Japón, Corea del Sur y Taipei de China. Cuba sería la excepción pues estaría presente con sus peloteros no rentados.
Urrutia, por supuesto, estuvo entre los participantes, y su presencia en la lid fue clave para que Cuba discutiera el título versus Japón en el evento y finalizara en segundo lugar. Mucho tuvo que ver la actuación del consumado bateador en el evento al promediar .387 y producir en momentos claves; incluido el partido contra República Dominicana que dio el pase cubano a la final. Las siete carreras empujadas por él en ocho partidos lo consagraron en medio de la élite mundial.
De regreso al clásico cubano, se alzó con su sexta corona de bateo en las últimas siete campañas, al ritmo de 121 jits en 326 comparecencias oficiales al bate, y se desempeñó en el jardín derecho sin cometer error en toda la temporada, antes de partir hacia la Copa Intercontinental de 2006, en la que siguió desaforado a la ofensiva al compilar .464, y concluir, en su papel de bateador designado, con el cuarto promedio más alto del certamen. Otro tanto hizo el representante de Bateolandia en el torneo clasificatorio con vista a las Olimpiadas Beijing 2008, en el que logró guarismo de .394.
Después de culminar su participación en la Serie Nacional 2007-2008 con un average por encima de .300, Urrutia partió hacia sus últimos eventos foráneos- los Juegos Panamericanos 2007 en Río de Janeiro, Brasil y la Copa Mundial de Taichung, China Taipei. En el primero de ellos, parecía que el monstruo ofensivo tendría un evento por debajo de lo acostumbrado cuando al acceder al encuentro final contra Estados Unidos solo había conectado un imparable en ocho turnos. Mas el tunero lo guardó todo para ese choque, y su bateo dictó las acciones en la consumación del décimo título regional cubano; se fue de 4-4 ante los Yanquis y el de 12-5 lo catapultó hasta .417.
En Taipei, hubo destaque para Urrutia desde el primer encuentro contra los australianos, el cual decidió con oportuno cuadrangular, en el décimo capítulo, sobre las vallas del left-center. En el resto de la lid tuvo un desenvolvimiento en consonancia con su nivel.
Osmani estuvo presente en la preselección con vista a Beijing- 2008, y no estuvo mal en la preparación, pero, al parecer, la presencia del tunero no encajaba en la estrategia trazada previa a la competencia para encarar el certamen por parte de la dirección del conjunto, encabezada por el Capitán de capitanes Antonio Pacheco, y Urrutia, el master del bateo en la primera década del siglo, quedó fuera del conjunto lastimosamente,.
Sus totales son enardecedores. Bateó 1, 463 incogibles en 3, 999 veces al bate; de ellos, 131 fueron cuadrangulares, 233 dobletes y 14 triples. Anotó 577 carreras y empujó 747, se ponchó 399 veces, recibió 465 boletos gratis y 124 intencionales. Promedió .366 de por vida, casualmente el mismo que mantiene a Ty Cobb con el más alto de todos los tiempos en las ligas mayores.
Osmani Urrutia
De Osmani Urrutia siempre se tendrá que hablar, pues la impronta por él legada bate en mano en el espacio de siete años siempre será un referente atinado para los que se rompan la cabeza pensando cómo un hombre pudo hacer tanto en tan corto espacio temporal.
Tomado del Libro: Aquí se Habla de Grandes: 4to inning. De Rogelio A. Letusé La O.

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