En diversas ocasiones, los fanáticos que tuvieron el privilegio de atestiguar las confrontaciones beisboleras – al estilo de un circo romano – en las primeras Series Nacionales, al referirse a Eulogio Osorio lo encasillan única y exclusivamente en su habilidad para ejecutar la táctica del toque de bola sin capitalizar en lo mucho que representó ese jugador para la causa de los equipos capitalinos.

Y es cierto, el holguinero era un verdadero maestro en la ejecución de esa pieza clave de las maniobras beisboleras del llamado juego chiquito cada vez que su mentor de ocasión Ramón Carneado, Gilberto Torres, Juan Coco Gómez u Orlando Leroux se la ordenaba, incluso con el cuadro defensor por dentro, para que el corredor avanzara una base o anotara con toda seguridad.

Para el éxito de dicha operación deben primar dos factores: la sorpresa y cómo colocar la pelota en el cuadro. Esto explica porqué las veloces piernas de Antonio Ñico Jiménez, Wilfredo Sánchez, Luís Ulacia, y, muy especialmente Eulogio Osorio podían sacrificarse y aún embasarse hasta con el cuadro rival jugando por delante.

El último de los antes mencionados, quien compiló un total de 31 sacrificios de jit en su carrera, era capaz de intentar llegar a primera base sin cuadrarse, como para no delatar la jugada, y, tras un movimiento de torso, al tiempo que aprovechaba su condición de zurdo y buena velocidad en el recorrido hacia su objetivo, en muy contadas ocasiones lo sacaron out.

Es más, cada turno al bate de ese bólido con el número 14 a su espalda, quien también era un excelente bateador de líneas entre dos, era una caja de sorpresas, pues con él cualquier cosa podía suceder.

Osorio, pelotero muy joseador, se curtió en tierras pinareñas antes de su debut en Series Nacionales. Allá por el año 1960 desarrolló sus potencialidades como pelotero con el equipo de Minas de Matahambres, así como en una liga cuyo asiento radicaba en San Cristóbal, en la propia provincia, siempre en defensa del jardín a la derecha del terreno.

Ya hecho, realizó sus pininos en la Regional Occidental de 1964, y ganó su ascenso a la III Serie Nacional en representación del conjunto Industriales al finalizar como líder de los bateadores de dicha lid frente al pitcheo de lujo que pululaba en nuestros torneos en aquellos tiempos.

No fue difícil para el holguinero-pinareño-habanero adaptarse a las nuevas exigencias planteadas por un afamado conjunto campeón, que corroboró su título consecutivamente, y finalizó empatado con el pinareño Fidel Linares como líder en dobles conectados con ocho.

Por cierto, no sería esa la única oportunidad que copó dicho liderazgo, ya que en 1968 en representación del campeón Habana repitió el hito, pero con marca de 24 biangulares, y muy posteriormente- 1976 reeditó tal palmarés con la chamarreta del campeón Agricultores (12) en un campeonato pactado a 39 choques.

Osorio, que vistió la franela de Occidentales en la IV Serie, logró el puesto como regular en ese conjunto, que tenía un verdadero trabuco en los jardines (Antonio Jiménez, el novato Rigoberto Rosique, Fidel Linares, Edwin Walter, Cunagua González y Cachiluro Díaz), tras volver a agenciarse la corona de bateo en la Regional Occidental de ese año.

Ya entonces era reconocido como un bateador oportuno especialista en conectar líneas entre dos. Al campo, su velocidad le permitía llegar a conexiones vedadas para otros, y poseía buen brazo, que le posibilitó realizar 151 asistencias desde su lejana posición en el jardín derecho durante 16 temporadas.

El hombre del número 14, que fue un pelotero de todos los días, se destapó a batear en la VII Serie Nacional como parte de la Tanda del Terror. En esa oportunidad se convirtió en el primer jugador de nuestros campeonatos con más de 100 indiscutibles conectados (129 en 403 turnos oficiales, 312).

Ese record de imparables sería pulverizado por Wilfredo Sánchez (140) al año siguiente. Al mismo tiempo, Osorio empató la marca de más imparables en un partido (5) frente a Henequeneros el 25 de enero de 1968, empujó 37 carreras y anotó 66 para coadyuvar así al triunfo obtenido por el equipo Habana, dirigido por el Coco Gómez.

El jardinero selló tan buena temporada con una participación descollante en la I Serie de Estrella en defensa de Occidentales, que pactada a nueve desafíos a lo largo de todo el país, le vio erigirse como puntero en jits (10), dobles (3) y ponches (7), aunque fueron los Orientales quienes se llevaron el cetro 5 3 con un empate; aquel encuentro en que Huelga se plantó 20 entradas en el box, y concluyó con un ponche ante Urbano González.

La campaña posterior, igualmente concebida para 99 choques, le dio un average de .316, apuntalado por 132 incogibles en 418 veces al bate. Por otra parte, impulsó 48 anotaciones y pisó el plato en 63 oportunidades. Osorio, en definitiva, fue uno de los artífices de que Industriales alcanzara la 2da posición por 3ra ocasión consecutiva… (Continuará)

Tomado de:

“Aquí se Habla de Grandes, 4to inning” Por: Rogelio A. Letusé La O

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