Por: Robiel Vega Aguilera en colaboración con Lázaro Andrés Reyes

Ninguno como él para echarse encima a todo un pueblo, incluídos los rivales. Para muchos fue el mejor, aunque otros exhiban mejores números. Su huella se mantiene de generación en generación para alimentar un símbolo. Sucede con los grandes, que logran colocarse en las profundidades de las almas de sus coterráneos.

Manuel Alarcon Reina brilló en los primeros destellos de las Series Nacionales y lo hizo a fuerza de coraje , voluntad y un cúmulo de condiciones naturales enraizadas más allá de cualquier dispensa. Fue todo carácter y se le agradeció con creces. La palabra rendición no estuvo en su vocabulario; hasta un día.

Durante las 6 primeras Series Nacionales, Manuel Alarcón fue el lanzador más destacado, liderando los departamentos de victorias (32), Juegos Iniciados (48), Juegos Completos (26), Entradas Lanzadas (383.1) y Ponches (328), también fue segundo en PCL con 2.00, destacando que dejó de participar en la edición de 1966 debido a una sanción por indisciplina.

Fue el primer lanzador en superar la centena de ponches en una Serie Nacional (101 en 1965) y la doble centena (200 en 1968), récord que al año siguiente superaría el gran Changa Mederos con 208.

Entre otros lideratos individuales destacaron sus 14 juegos Iniciados en 1965 y sus 11 completos en 1967, ambos récord en su momento. También alcanzó 17 victorias en 1968, su mejor registro y el segundo en esa temporada.

Entre sus marcas individuales en un juego merecen la pena recordar su récord de 14 entradas y un tercio, lanzados el 16 de febrero de 1964, ante el equipo Industriales, choque que además perdió 2 carreras por 1 debido a un error.

También logró igualar, el 9 de enero de 1968, ante Azucareros, el récord de 6 ponches consecutivos en un partido y un año antes, el 24 de enero de 1967, lanzó el primer juego de cero hit en Series Nacionales, aunque permitió una carrera y logró la victoria 2×1 ante el equipo de Las Villas.

En una jornada de sentencias dijo así, más o menos: “— ¡Cierren la trocha y que salga el Cocuyé, que la serie va para Oriente…! Y sin ninguna duda lo cumplió dando una clase de pitcheo ante varios de los mejores bateadores de aquel tiempo en aquel Estadio Latinoamericano abarrotado donde terminó la hegemonía de los Industriales que venia de ganar nada mas y nada menos que Cuatro Series Nacionales de forma consecutiva y tenían todas las papeletas para ganar su quinto título.

Sobre la famosa lomita del box han desfilado lanzadores que levantan el graderío con escones uno tras otros: Lazo, Vinent, Perez Pérez, Changa, Huelga… también los espectaculares ponchadores ,que en el favor de la gente emulan con los jonrones. La gente los tararea y disfruta de verdad. Y Alarcon en 583,2 inning propinó 529 ponches (8.16 por cada 9 innings), demostrando un férreo control al regalar sólo 118 bases por bolas (1.82 por juego de 9 inning).

En su fugaz carrera permitió apenas 8 jonrones, y ninguno de ellos fue conectado por un tercer, cuarto o quinto bate, lo que demuestra su alta concentración en la parte alta de la tanda rival. Su frecuencia de jonrones permitidos es sencillamente brutal, pues sufría un bombazo por cada 266.5 bateadores que enfrentaba, sólo el fuera de serie, José Antonio Huelga logró un resultado superior (341.7) y nadie más, en toda la historia de las Series Nacionales ha logrado siquiera llegar a 200.

Otro dato que evidencia cuan dominante era éste Coloso de la lomita es que completó el 61.4 % de los partidos que inició (70 JI y 43 JC). En todo el Siglo XXI, solo 5 lanzadores lograron completar el 60 % o más de sus partidos Iniciados.

Es por esto que sin ninguna duda entre tantos estelares lanzadores me decido por “El Cobrero”, epíteto que le pusieron por un tío paterno. Otros lo superaron en ponches, lechadas, juegos ganados, promedio de carreras limpias y todo lo que lleva un buen lanzador, pero ¡ qué le vamos hacer !

Cada cual escoja el suyo; yo me quedo con quien opacó a todos en una época donde los jugadores de la capital acumulaban halagos; con mas justificación que hoy. De indescifrables lanzamientos y un temple que sentó cátedra, sus compañeros tuvieron en el a un paradigma.

No fue lo que se llama un lanzador con suerte. Le persiguieron las lesiones y una que otra indisciplina, hasta que un dia de 1968 apareció la hernia discal que lo saco del montículo a las puertas de un importante torneo internacional. Sometido a una delicada operación, se recuperó, pero nunca volvió hacer el mismo.

En su momento de esplendor los periódicos no se cansaban de anunciarlo: “Esta noche un duelo de titanes Manuel Alarcon contra Manuel Hurtado…” su aparición era sinónimo de estadio repleto, en especial el Latino, donde tantas batallas gano a los de casa. El Cobrero jugó con ellos, les anunció derrotas y ponches, con lanzamientos ofrecidos y cumplió gracias a que era un lanzador diferente, de mucha calidad, que se apoyaba mas en la inteligencia, el control y lanzamientos prácticamente desconocidos en aquellos tiempos: cambios, nudillos, sinkers.

Incorporó a las Series Nacionales el estilo de enseñar el número perfeccionandolo tanto, que lograba desequilibrar a los bateadores. Algunos achacaron a este estilo su dolencia hasta convertirse en hernia discal lo cual fue descartado por él mismo en una ocasión.

En siete series alcanzó balance de 41-24 (631) con efectividad de 1,82. En el exterior también fue un vallada, logrando victorias inolvidables en los Centroamericanos de Kingston en 1962 y los Panamericanos de Sao Paolo en 1963 evento en el que logró la victoria en el partido por la medalla de oro ante México.

Cuentan que lloró al regresó de los Panamericanos de Winnipeg 1967, cuando perdió el juego decisivo contra ante los Estados Unidos, a pesar de haber ponchado a 14 rivales y lanzar el juego completo, en un play off que no debió jugarse ( en la ronda eliminatoria les había ganado con facilidad).

Como simple mortal tuvo errores, solo las divinidades están exentas. Y no amerita descartarlos, porque supo estar por encima de ellos, con una fuerte carga de viril mortal. Por eso es Grande entre Los Grandes y uno de los Inolvidables del Béisbol Cubano.

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