Por Rosy Mary Ramírez García

Las mujeres somos arte en cada cosa que tocamos, que vivimos; dándole a la vida un color diferente. Unas más apasionadas que otras, pero el efecto es igual.

En mi caso vivo la pasión del deporte, y el béisbol, de una manera sin igual. Ver un partido en mi estadio no tiene emoción que se le iguale, compartir con los amigos y fanáticos es la locura más cuerda que existe.

Y digo así, “mi estadio”, porque lo veo y disfruto como mío, es indescriptible verlos ganar el juego, sea cual sea, porque cada triunfo es importante y si pierdo… bueno, mejor ni les cuento.

Que me encantan las grandes ligas, por supuesto, es ver este deporte en su máxima expresión. Mucho más sabiendo que existen muchos cubanos en la élite, como Pito, Puig, el Yuli, Chapman, Yordan y tantos más.

Pero caballero, el de Mi Cuba, ese, ese no lo cambio por ninguno. Es él que vivo con el corazón, él que me apasiona, él que sufro y el que tanto disfruto. Inconforme con los procederes que tienen sus dirigentes en muchos puntos, pero pa’ lante, no hay de otra, esas cosas nunca nos van apartar de nuestros peloteros que, con nuestra existencia, le damos ese impulso para salir cada día a entrenar, y después darlo todo en el terreno por el amor a su camiseta. Y por supuesto, que sepan, que cada día crece más y más la presencia de las mujeres en los estadios o donde quiera que estén, porque eso sí, con nosotras siempre todo luce diferente.

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