Por: Robiel Vega Aguilera
Foto: Joel Río González

Podría hacer un resumen sobre el resultado del encuentro, el Grand Slam de Lisbán Correa, primero en la historia de estos juegos. De la victoria 8×6 del equipo menores de 25 (Estrellas del Futuro), o de la fenomenal actuación en el derby de jonrones de Yasser Julio González.

También podría hablar de lo bien que se vieron al bate hombres como Santiago Torres, elegido el más valioso de las Estrellas del Futuro, Humberto Bravo (Estrellas del Presente), Iván Prieto (Estrellas del Futuro) y Yordanis Samón (Estrellas del Presente). También de lo bien que se vio la combinación de torpedero y segunda base formada por Alomá y Borroto, llegando a rozar el récord en este tipo de prueba de habilidades.

Pero este juego de las estrellas, según los presentes, muy bien organizado, y no lo dudo, pues conozco de primera mano de la virtud de los santiagueros, tuvo esas grandes manchas que, desgraciadamente, empañaron un espectáculo que debería haber sido una fiesta beisbolera para el pueblo y no una causa de protesta airada en todas las redes sociales.

Mucho se ha hablado del tema Antonio Pacheco, un hombre vilipendiado por los dirigentes del Béisbol en Cuba, excluído, sin justificación alguna del Salón de la Fama de nuestro Béisbol y ahora, vuelto a ser “olvidado”, o no tenido en cuenta, por la dirección de Béisbol de esa Oriental Provincia, en una selección de números y nombres de Glorias del Béisbol Santiaguero, que engalanaron el dogout de Santiago en lo que debería ser la primera parte del espectáculo.

En dicha selección estaban nombres como Frank Tamayo, Luis Tissert, Rey Isaac, Jorge García e incluso el mismo Higinio Vélez, hombres que hicieron historia, pero si los comparamos con los ausentes, no creo que estén al mismo nivel. Y no sólo Pacheco, también un grupo grande de atletas quedó fuera de la selección, y todos con algo en común.

No creo en la “casualidad”, prefiero pensar que siempre hay una causalidad detrás de todo hecho, porque no puede ser que nombres y números como:

6- Antonio Pacheco 17- Fausto Álvarez 33- Gabriel Pierre 88- Alexei Bell 40 – Rolando Meriño 28- Héctor Olivera 8 o 24- Luis Miguel Nava

Todos entre los mejores de la historia del Béisbol Santiaguero y cada uno de ellos, sin excepción, están residiendo fuera del país. ¿Casualidad? No lo creo, ¿Causalidad? Eso sí.

Más allá de estas “fallas” en la selección de estrellas, con el argumento de que los números mostrados eran de luminarias que en su “mayoría” estarían presentes (No entiendo como Frank Tamayo y Fermín Laffita, con el respeto que ambos atletas fallecidos me merecen, podrían estar delante de Pacheco o Pierre en una selección de estrellas Santiagueras); que decir de un segundo decorado, este con los años de los campeonatos ganados por Santiago de Cuba, donde, de manera inconcebible, se equivocaron a la hora de crearlos, y no una vez, sino dos veces, pues hasta donde sé, ni en el 2006 ni en el 2009, las Avispas fueron campeones.

Sí lo hicieron en las temporadas 2005 y 2007, temporadas éstas, unida a las de 2008, que fueron ganadas por Antonio Pacheco de director, y sus principales protagonistas fueron varios de los ausentes (Meriño, Bell, Olivera y Navas) entre varios otros.

En lo personal, este Juego de las Estrellas me deja un sabor agridulce, por una parte es evidente que hay mucho talento en nuestra Serie Nacional y fue agradable verlo desplegado en la grama de un muy engalanado Guillermón Moncada.

Por la otra, me duele, como a muchos, que tendencias políticas sigan influyendo en la toma de decisiones en nuestro pasatiempo nacional. No puede ser que sólo se consideren cubanos y dignos de ser reconocidos por la Dirección de Béisbol de nuestro país como Luminarias y Leyendas de nuestra pelota a aquellos que residen en la isla, cuando hay tanto talento y tanta historia desparramada por el mundo, siempre habrá una buena excusa para no hacerlo, o tal vez no la haya, como la que aún espero sobre la exclusión del Capitán del Salón de la Fama, en ese caso, siempre nos quedó el silencio. Por ahora me despido, así que, sin más, nos vemos en la próxima.

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